Vestidos icónicos en la historia del cine que siguen inspirando a las mujeres

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Las películas nos inspiran y motivan. Nos hacen evadirnos de la realidad durante los minutos que dure el metraje. Es posible que nos identifiquemos muchísimo con un personaje o que quedemos encantados con él, con su carácter, actitudes y, ¿Por qué no? Con su atuendo. Y es que a muchas se nos olvida el poder que la ropa puede tener sobre nosotras, sobre nuestra autoestima y estado de ánimo. Hoy te presentamos algunos de los vestidos icónicos en la historia del cine que de usarlos, estamos seguros te harían sentir más mágica de lo que ya eres.

Vestidos icónicos en la historia del cine: películas clásicas

Givenchy, para Desayuno con diamantes

Una chica baja de un taxi en la Quinta Avenida en Nueva York, enfundada en un elegantísimo vestido negro de satén italiano, guantes largos y gafas de sol. La vemos detenerse frente al escaparate de la famosa joyería Tiffany’s y sacar un crusán y un café de una bolsa de papel. Más adelante nos enteramos que el escaparate de la mítica joyería le calma los nervios porque es silencioso y soberbio y nada malo puede ocurrir allí. Esta se ha convertido en una película de culto, pero quizá sea mucho más memorable el vestido que la protagonista, Holly Golightly, utilizaba.

Se trata de uno de los vestidos más icónicos de la historia del cine y también del vestido negro más famoso de todos los tiempos. Fue diseñado por Hubert Givenchy para su gran amiga y musa, Audrey Hepburn. Es curioso, pero Givenchy diseñó 2 vestidos para la actriz, que en realidad no se utilizaron en la película porque eran demasiado escandalosos para aquella época; tenían una abertura lateral que dejaban ver la pierna de la actriz hasta el muslo. Audrey utilizó un vestido que conservó la esencia del de Givenchy, pero sin la escandalosa abertura. Actualmente, el vestido original cosido a mano se encuentra en los archivos privados de Givenchy. De las copias llevadas por Audrey a la Paramount, una se expone en el Museo del Cine de Madrid y la otra se subastó en 2006 por 515.397 euros. Curiosamente, el vestido utilizado en la película, no se conserva.

Travilla, diseñador de uno de los vestidos icónicos en la historia del cine

¿Cómo olvidar la mítica escena de Marilyn Monroe en La tentación vive arriba? La escena en cuestión ha pasado a la historia. No solo porque la protagonista se pusiera de pie sobre una rejilla del metro, mientras este pasaba por debajo, mostrando sus larguísimas piernas, sino por el vestido que dejaba al descubierto los atributos de Norma Jean Baker. El diseñador de ese icónico vestido fue William Travilla.

Se trata de un vestido cóctel color marfil claro, tipo halter y muy de moda en las décadas de los 50 y 60. La parte de arriba del vestido tiene un escote muy pronunciado, formado por 2 piezas plisadas y unidas al cuello por la parte de atrás en unos botones. Deja al descubierto brazos, hombros y espalda. Esta parte se une a la de bajo a través de una banda que pasa justo por debajo del pecho y que continua en una falda igualmente plisada hasta las rodillas. La pieza merece ser reconocida como uno de los vestidos icónicos en la historia del cine, no solo por la escena en cuestión, sino porque fue subastado por 5,6 millones de dólares (4,6 más 1 millón por comisiones)

El mítico vestido de Marilyn Monroe se subastó por 5,6 millones de dólares

Paco Rabanne para Dos en la carretera

Aunque la película se estrenó en 1967, el tipo de ropa que Audrey Hepburn usa en el filme, se sigue utilizando hoy en día. Vaqueros, jerséis de lana y zapatillas por doquier, pero algo que aderezó Dos en la carretera fue el vestido diseñado por Paco Rabanne y que, sin duda, se ha convertido en uno de los vestidos icónicos en la historia del cine. El diseñador creó esta pieza adaptando uno de su famosa línea “Vestidos imponibles” de 1964.

Se trata de un vestido de discos, unidos con eslabones (algo muy típico de Rabanne) y que sirvió para equilibrar, con astucia, a la Audrey Hepburn clásica (siempre vistiendo Givenchy, un poco pasado de moda para ese entonces) y la época futurista y espacial que se encontraba en pleno apogeo por aquel entonces. El brillo metálico proyectado por los discos del vestido daba a la actriz una luz especial y enfatizaba el ambiente de discoteca en el que se desarrollaba la escena.

Albert Wolsky para Grease

Si hay una película que gusta a todos es Grease. Ese rollo de instituto americano, con la gomina en el pelo y los vestidos con vuelo; los bailes de graduación y las chicas populares y rebeldes y, por supuesto, los romances de verano, siguen encandilando al público. Albert Wolsky es parisino y supo captar y reflejar, a la perfección, el estilo de las chicas americanas de la década de los 50. Un genio.

Pero vamos a centrarnos en Olivia Newton-John que encarna a la dulce, tierna y nueva alumna, Sandy. Sandy es el reflejo de una típica chica americana de los 50. Muy correcta, pulcra, virginal y, desde luego, ceñida a las normas para vestirse. Usa faldas amplias, cuellos prolijos y su paleta de colores son los tonos pastel. Pero hay un momento en el que Sandy se desmelena (y no estamos hablando de la escena final): el baile de graduación. Aquí hizo historia con un vestido de gasa que la hace muy sensual. Este vestido, sin duda, ha servido como inspiración a muchas generaciones de chicas.

Vestidos icónicos en la historia del cine: la moda de hoy en día

Jacqueline Durran, para Expiación

Saltando varios años en el tiempo, llegamos a 2007. Este año se estrenó Expiación, un drama bélico dirigido por Joe Wright y protagonizado por su musa: Keira Knightley. Y es que Knightley había protagonizado 2 años antes Orgullo y Prejuicio y sería la actriz principal en Anna Karenina (2012); ambos filmes dirigidos por Wright. Sin duda, una imagen que permanece en la memoria colectiva, es la de Keira Knightley enfundada en un soberbio e imponente vestido verde esmeralda, en una escena clave de la película.

Este conjunto de 2 piezas, de la película Expiación, es una de las más aclamadas en la historia del cine

Todas las que hemos visto Expiación nos enamoramos del vestido y hemos deseado tener uno así en nuestro armario. Se trata de una pieza de seda verde cortada al bies, una técnica sublime. Tiene un escote en V, cuello tipo halter que deja al aire la interminable espalda de la actriz. El vestido destaca por acentuar la cadera desde la cintura (con un lazo) y la cola. La británica Jacqueline Durran está detrás de esta creación suprema, acorde a la campiña británica de 1935 (año en el que empieza la acción de la película). Expiación está basada en un libro de Ian McEwan y el vestido tiene su propia descripción entre las páginas de la novela. “Cogió el vestido de fiesta, el verde sin espalda que había estrenado después de los exámenes. Mientras se lo ponía aprobó la caricia firme del corte al bies de la seda de la enagua y se sintió grácilmente inexpugnable, escurridiza y segura”.

Como detalle y curiosidad, te contamos que se hicieron varias copias de la prenda, con distintas tonalidades de verde. Esto para hacer que el vestido brillase en algunas escenas y luciese opaco en otras. Jacqueline Durran no sigue una carrera de moda como tal, pero sí de moda cinematográfica. Sus creaciones han aparecido en Anna Karenina, que le valió un Oscar; Macbeth y Mujercitas. Como última curiosidad, te contamos que el vestido no es en realidad un vestido, sino un conjunto de falda y blusa, pero está tan bien diseñado que parece que es una única pieza.

Thierry Mugler para Una proposición indecente

Una películua que cautivo a millones en 1993 fue Una proposición indecente. ¡Cómo no! Demi Moore era la protagonista y atrajo las miradas con un escandaloso vestido negro diseñado por Thierry Mugler. Mugler quizá te suene hoy en día solo por sus perfumes Alien y Ángel, pero en aquel entonces era todo un hito en la moda. En los 80 saltó a la fama como diseñador independiente y fue el preferido de las top models de la época, Cindy Crawford incluida.

El vestido negro en cuestión tenía un escote gráfico muy pronunciado que servía para contrarrestar el corte de cabello bob afilado de la actriz. Y es que el vestido sirvió para marcar también la tendencia de pelo afilado tan característica de los años 90.

Lindy Hemming y Dior para Wonder Woman 1984

Estamos seguros de que el atuendo usado en Wonder Woman 1984 se convertirá en uno de los vestidos icónicos en la historia del cine

Hace pocos días llegaba Wonder Woman 1984 a las pantallas españolas. La película, protagonizada por la bellísima Gal Gadot, merece la pena ser vista, no solo por la historia, protagonizada por uno de los iconos del feminismo en los cómics, sino también por los atuendos. La ropa que luce la protagonista es ideal. Trajes de pantalón y chaqueta, camisas, abrigos… todo muy oversized, todo muy 1984. Y con una paleta de colores única. Curiosamente, la actriz ha revelado que participó en el proceso de escoger los outfits que utilizaría su personaje inspirándose en Brooke Shields y sus looks en El lago azul.

Hay una pieza en concreto que estamos seguros que, en un futuro no muy lejano, se convertirá en uno de los vestidos icónicos en la historia del cine. Se trata de un vestido blanco del que sólo existe una palabra para describirlo: espectacular. Por el momento tenemos pocos detalles sobre esta pieza, pero la propia Gal Gadot ha contado un poco al respecto. Se trata de una pieza que Lindy Hemming (diseñadora de vestuario) encontró en uno de los desfiles de Dior de 1984. Básicamente, se limitaron a copiar el modelo tal cual estaba e hicieron algunos cambios.

En la película, Diana Prince (Wonder Woman) hace una entrada, como sólo ella sabe hacerla, enfundada en un vestido largo, blanco perla, con mangas largas y una abertura de lado derecho de la falda que deja ver las larguísimas piernas de infarto de Gadot.

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