Los micromachismos: definición y tipos de conductas

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Los micromachismos son pequeños gestos que aparentemente no tienen importancia pero que perpetran la superioridad moral y dominio de los hombres sobre las mujeres. Para muchos hombres, esto es necesario sobre todo en mujeres que piensan que son demasiado libertinas. El psicoterapeuta Luis Bonino clasifica estos comportamientos según su tipología. Te contamos cuáles son para que puedas identificarlos.

Tipología de los micromachismos, según Luis Bonino

Bonino muestra una escala en la que se encuentran 4 tipos de micromachismos. Algunos de ellos son muy comunes, como el camarero que da la cuenta al hombre directamente sin tener en cuenta a la mujer, o la madre que le dice a su hija que se comporte «como una señorita».

Son gestos cotidianos e inconscientes que no solo atañen al género masculino ya que también se dan en mujeres de la sociedad actual. Desgraciadamente, las tradiciones que provocan los micromachismos no son fáciles de erradicar, y por ello siguen manteniéndose con fuerza y cuesta trabajo dejarlos atrás.

Micromachismos encubiertos

Son los que implican abusar de la confianza para no sacar a la luz el fin real. Pasan inadvertidos, por lo que provocan confusión en la mujer, llegándole a provocar culpa y baja autoestima. Este tipo de micromachismos se relacionan, por ejemplo, con conductas paternalistas. Se trata de una relación en la que se abusa emocionalmente con limitaciones, desautorización y exceso de confianza.

Micromachismos utilitarios

Micromachismos del hombre a la mujer

Este tipo de micromachismos tiene el objetivo doméstico de manera usual, relacionándose con el comportamiento tradicional de la mujer. Este tipo se suele identificar rápidamente, un gesto en el que el hombre demanda o exige una capacidad determinada que emana de todas las mujeres por el hecho de ser féminas, para cuidar o servir.

Es una forma de micromachismo muy sutil, con una simulada reciprocidad con la que se cubren las apariencias, como por jemplo: “Limpia la casa, porque yo he llevado el coche al taller”.

Micromachismos coercitivos

Son en los que se representa al hombre ejerciendo su poder, ya sea personal económico o físico. De esta manera hace que la mujer acepte su línea de pensamiento, provocando que ella se sienta derrotada e incapacitada porque no puede comparar este razonamiento con la realidad.

Micromachismos de crisis

En este supuesto, la mujer va adquiriendo poder y el hombre intenta controlar aún más la situación. En ocasiones, muestra comportamientos victimistas, de apoyo falso o distanciamiento emocional.

7 ejemplos de micromachismos más comunes reconocibles en el día a día

A pesar de que poco a poco las mujeres y los hombres son más conscientes de la existencia de micromachismos, la realidad demuestra que el día a día está poblado de ejemplos de micromachismos que todos cometemos.

Un buen ejemplo sería una comida cualquiera entre amigos donde hay parejas con y sin hijos. En la conversación, es inevitable que surja el tema de cómo compaginar la vida laboral y la familiar. Ahora bien, la pregunta, sea quien sea quien la verbalice, siempre se dirige a la mujer, y no al hombre.

O bien, en una conversación entre chicas, que ella celebre que él la «ayuda» en casa y con los niños -como si fuese solo su obligación, y no de ambos- y sus amigas le respondan con el consabido «qué suerte tienes, porque mi chico no hace nada».

Casos de micromachismos en el trabajo

Si una mujer va a un taller con su vehículo y le acompaña un hombre, es habitual encontrar que el profesional se dirija a él en vez de a ella, que es quien ha iniciado la conversación. Y a la inversa también ocurre: si vemos que en un taller nos atiende una mujer, se suele preguntar por algún compañero, minusvalorando la formación y capacidad de la profesional por el hecho de ser mujer.

Micromachismos en el trabajo

Situaciones habituales que se dan en los restaurantes y que también son micromachismos

Si cenan un hombre y una mujer en un restaurante, sean o no pareja, ¿a quién le ponen la cuenta? Efectivamente, se da por sentado que el hombre va a pagar. Del mismo modo, si por ejemplo se pide una ensalada y una hamburguesa con patatas fritas, la ensalada se la colocarán o harán la mención de colocarla para ella, como si no fuera “femenino” comer una hamburguesa con patatas.

Los cambiadores de los bebés… en el baño de las mujeres

Cuando acudes a un centro comercial, a una estación de tren o aeropuerto o cualquier espacio público, habrás notado que los cambiadores de bebés se encuentran siempre en el baño de las mujeres. ¿Qué hace un padre que vaya con su hijo?

«Y los hijos, ¿para cuándo?»

Cualquier mujer de cierta edad, con o sin pareja conocida, se enfrentará tarde o temprano a esta pregunta, formulada indistintamente por hombres y mujeres, pero solo a las mujeres. El “arroz” de los hombres también se pasa aunque a ellos no se les destine esta pregunta.

Hipersexualización

Existen micromachismos incluso cuando se trata de la ropa interior. La mujer se encuentra con sujetadores con relleno para realzar los pechos. Ahora bien, no existen slips de hombre que incluyan un relleno para que el paquete se realce y sea más sugerente.

En la política también hay micromachismos

Os proponemos el reto de revisar las piezas informativas: ¿cómo se refieren a los candidatos? Siempre por el apellido, lo cual infunde seriedad y respeto. ¿Y cómo a las portavoces de cada partido en el Congreso? Casi siempre por el nombre de pila, para lograr justo lo contrario.

¿Es el lenguaje inclusivo la solución a los micromachismos?

Algunos movimientos feministas han conjurado su actividad en el lenguaje, abogando ardientemente por el lenguaje inclusivo como solución para acabar con el machismo. Sin embargo, esta concepción es limitadora y falaz, en tanto en cuanto el lenguaje siempre es reflejo de una sociedad.

Sí es cierto que el lenguaje y la cultura tienen poder para moldear el pensamiento, pero existen casos llamativos donde se lleva al extremo la teoría del lenguaje inclusivo, generando textos absurdos. La propia RAE -aun cuando se la tache de institución patriarcal por ello-, lo ha dejado claro en varias ocasiones: los desdoblamientos en el lenguaje son artificiosos e innecesarios, pues ya existe el genérico para referirse a ambos sexos.

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