Ajoblanco: una receta nutritiva y refrescante perfecta para el verano

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Contenido del artículo

Aunque el gazpacho es el plato veraniego español por antonomasia y se conoce en todo el mundo, no es el único: existe otra receta parecida típica de Andalucía que está igual de deliciosa, el ajoblanco. ¿Todavía no lo has probado? En este artículo te contamos el origen, ingredientes y forma de preparación de esta sopa nutritiva y refrescante. ¡Te encantará!

¿Qué es el ajoblanco y de dónde viene?

El ajoblanco es una que se consume como primer plato en los meses de verano y cuyo ingrediente principal son las almendras. Como ocurre con casi todas las recetas populares, el origen exacto del ajoblanco es incierto, aunque sí se sabe que nació en Andalucía. Málaga y Granada se disputan el origen del ajoblanco, aunque lo que está claro es que nació de la mano de la cocina de Al-Ándalus y el origen humilde del plato. Actualmente, casi todos los estudiosos sitúan su nacimiento en la zona de la Axarquía, y Almáchar es quien más contundentemente lo revindica: hasta tienen una celebración en su honor (Fiesta del Ajoblanco) cada 2 de septiembre.

En cuanto al momento de su aparición, esta ahorrativa mezcla de alimentos básicos andaluces se remonta a la edad media morisca, previa a la llegada de los tomates y pimientos desde América que pasarían a protagonizar el gazpacho siglos después.

Los ingredientes que se utilizan en este plato

Almendras, el ingrediente estrella

A pesar del nombre de la sopa, el ajo es no es el ingrediente principal del ajoblanco, sino que en realidad es una sopa de almendras Estas, batidas con agua, crean una especie de crema suave de aspecto lechoso que da al plato su color y consistencia características. Por esta razón, se deben blanquear las almendras para quitarles la piel. En algunos sitios las venden ya preparadas, pero de todas formas es sencillo: ponerlas en un cazo, llevarlas a ebullición, y la piel irá saliendo sola.

También hay quien recomienda dos pasos más en el tratamiento de las almendras para hacer el ajoblanco: ponerlas en remojo la noche antes para ablandarlas, y tostarlas ligeramente para potenciar el sabor. Ambas cosas son opcionales.

ajoblanco

El pan

Este es el otro elemento blanco de la receta. Como corresponde a un plato campesino, sin duda se habría hecho originalmente con pan marrón grueso, pero la versión moderna utiliza el pan blanco para darle el color especial. En cuanto al tipo de pan, el mejor y el que se usa en la receta tradicional es el pan cateto, previa eliminación de la corteza. De no tener este tipo de pan, cualquier pan blanco duro hará el apaño.

Para obtener una textura más cremosa y facilitar el proceso de cocinado, se recomienda remojar el pan brevemente antes de hacer la sopa. Puedes remojarlo en agua simplemente; pero, si quieres darle más cremosidad y aportar un toque extra de sabor en el que la almendra sea la total protagonista, puedes remojarlo en leche de almendra. La leche de vaca también vale.

El ajo

El ajo, al igual que el picante siempre debe añadirse al gusto en cualquier receta, y más en los platos como este en los que se va a consumir crudo (aunque sea batido). La proporción estándar de la receta original es de 2 – 3 dientes de ajo, pero al final es cuestión de gustos. Eso sí: te recomendamos quitarle el brote verde del interior para evitar que repita.

Aceite y vinagre

Como con el gazpacho, la diferencia entre un buen ajoblanco y uno delicioso radica en la generosa adición de aceite de oliva y vinagre. No hay que ser tímido echándolos, pero cuidado de no pasarte: no quieres que toda la sopa sepa a vinagre.

La receta del ajoblanco perfecto

Si te ha despertado curiosidad esta receta y quieres animarte a preparar tu propia versión del ajoblanco, aquí te dejamos nuestra receta.

  • 220g de almendras peladas
  • 100g de pan blanco duro (sin corteza)
  • Leche de almendras
  • 600 ml de agua helada
  • 4 dientes de ajo pequeños, picados en trozos grandes
  • 200 ml de aceite de oliva extra virgen, más un poco más para adornar
  • Sal y vinagre al gusto
  • 8 uvas moscatel para acompañar (opcional)

Pon el pan a remojar en leche durante 10 minutos. A continuación, dales un golpe de calor a las almendras en la sartén, lo justo para que cojan un ligero color, pero sin llegar a tostarse. Quita las almendras del fuego, reserva algunas para decorar y déjalas enfriar. También puedes hacerlo con las almendras crudas, aunque así se potencia el sabor.

Pon el resto de almendras en una picadora, robot de cocina o procesador de alimentos. Echa un chorrito de agua y bate durante un minuto más o menos hasta que finas. Luego, con el motor en marcha, ve añadiendo poco a poco el pan y el agua, seguidos del ajo, el aceite y el vinagre. Bate hasta que esté suave, sazona al gusto y deja enfriar durante al menos dos horas.

Para servir, puedes pasarlo por un colador para que quede todavía más fino. Viértelo en un cuenco, y coloca encima las uvas abiertas, las almendras sobrantes previamente picadas y unas gotas de aceite.

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